Castagnino
Del 23.08.25 al 23.11.25

Estado harapito

Del Río, Claudia

Claudia Del Río. Obras y archivos 1975-2025. Curaduría: Santiago Villanueva.

Museo clandestino, 2005
Foto de sala

Estado harapito es la segunda exhibición antológica de Claudia Del Rio (Rosario, 1957) en el Museo Castagnino, y reúne una selección de sus proyectos, obras y archivos desde su momento formativo en los años setenta, hasta trabajos actuales y realizados para esta ocasión.

La muestra presenta tres momentos, una visita al archivo para visualizar sistemas y métodos, pero también para presentar acciones y materiales poco conocidos, una presentación exhaustiva de su persistencia en Coca Cola, del collage al cartel; y un último momento que contrasta sus trabajos recientes en fieltro con su constante museo clandestino.

Estado harapito insiste en la necesidad de los materiales, estado del arte y ladrillo comentario, andar en algo, coleccionar y deshacer. La muestra presenta en paralelo un cuarto-gabinete, titulado Oficina CDR, en el Museo macro, donde se historiza como la misma institución coleccionó, de diferentes modos, la obra de la artista.

Como toda antología hay muchas cosas por fuera, muchos bordes, omisiones. No está el dibujo, ni el club del dibujo, la pieza pizarrón, la poeta, ni el arte correo. No están de modo evidente, pero en realidad se presentan en ese todo como un secreto más, estructura de pensamiento que es la obra de Claudia Del Río, clima extremo que es para ella, reordenamiento personal.

ARCHIVO

Bellas Artes, 1974-1980

Presentamos algunas naturalezas muertas pintadas antes de comenzar la universidad, cuando tomaba clases con el pintor Mario Albea en 1974. Es la escena de pintora con caballete, paleta y camisa manchada la que la cautiva. Mario era un pintor amoroso y humilde, retratando las sierras de Córdoba. Es dictadura, estudia un año dibujo con Julián Usandizaga. Ya en la carrera de Bellas Artes conoce los grabados de Aida Carballo, representaciones de vidas intensas y algo extraviadas, fascinada por lo que la locura puede y no puede. Un período de cantidad de autorretratos en óleo y acrílico. Visitaba una casa donde arreglaban muñecas, y otras mujeres que eran costureras fueron sus modelos. En las plazas pasa tiempo dibujando personas, así como en el barrio de Alberdi donde vivía. Copia del natural también en el Sanatorio Neuropático de Rosario. Mira a Berni, sus empastes pero también gustaba del action painting, lo usa para iniciar las pinturas chorreando esmalte sintético para luego pintar con mucha materia y pincel seco.

Ya preparando su primera muestra individual en Amigos del Arte, inicia una serie de obras grandes con tintes lisos acrílicos, planos de colores, y algunos gestos en menor proporción. Abundan retratos y manos.

 

Contracción verde, 1985 

Es 1985, Claudia Del Río, Verónica Prieto y Graciela Sacco piensan y producen una intervención conceptual entre el río Paraná y el Monumento a la Bandera. Contracción verde: quemar un árbol, comer panchos, hablar alrededor de un fogón. Un señalamiento en el espacio público. Acciones colectivas, encuentros y conversaciones, un enunciado.

 

Diarios, 1997-2023 

Recorta imágenes de los periódicos desde pequeña. Cuando aparece la TV, mira noticieros. Escribe otras noticias que lee delante del artefacto para su familia. En los 90 inicia un archivo de páginas policiales, enfocado en casos de femicidios. Alcanza hasta 2023.

 

No al indulto, 1990 

No al indulto es en el contexto de 1990. Previamente desde la universidad, junto a artistas independientes, lanzan lo que se llamó Tomarte, Primera Bienal Alternativa de Arte. Bajo la idea de “tomar Rosario” desde muchos espacios, calles, bares, teatros, toda la ciudad, tres días y medio dedicados a pensar y mostrar arte. Meses después y contando con el mailing de arte-correo de Claudia se envían tarjetas postales vacías. Quien las dibujaba, mandaba una a Casa Rosada y otra a la Facultad de Humanidades y Artes. La exposición se realiza en el Centro Cultural Rivadavia (hoy Fontanarrosa).

 

Montes sin enviar, 1984 

Era 1975, a Schiavoni y a Musto los conoce antes por la Libreria Longo que por el Museo Castagnino. Montes i Bradley venía editando sus publicaciones con reproducciones a color pegadas. Así también como las Revistas Paraná, donde se reúnen textos y viñetas de poetas y pintoras. Longo fue un gran hogar de libros y revistas, asidua concurrente compra todas las publicaciones, incluso los sobres, los sobres que nunca se enviaron. Ficción curativa. 

 

Carpas, 2001 

Argentina en 2002. La ciudad se colma de construcciones y carpas improvisadas. Las fotos retratan espacios céntricos y barriales donde las personas que han quedado sin vivienda se abrigan en la intemperie.

 

Nerviosa geografía, 1997  

Una foto de un mapa mudo de la Argentina, colgada en una oficina de correo, es fotografiada. La saga de pensar en el país como un cuerpo, con un frente y una espalda. Allí descubre una finísima filigrana carnal. Las partes se multiplican, amplían y reducen, se superponen, giran de eje. La geografía en estado cambiante, una melancolía sutilmente fatal.
 

Blind house, 2001 

Blind house, o la ceguera como posibilidad. Una casa alquilada por Boulevard Rondeau. Sus aberturas se obturan con cien kilos de arcilla cruda extraída del río. Tiene restos vegetales, piedras, petróleo. La técnica es inútil porque el barro trabaja solo y termina cayendo.  


Segundos afuera, 1995

Es fan del box, de la puesta del ring, de las estrategias, de la violencia coreografiada con reglas, del sudor, de la inteligencia emocional de no dejarse noquear. Segundos afuera viene de refotografiar alterando ejemplares de una colección personal de revistas Boxing de los años 20 y 30. 
 

Dataloid, 1993

Es el momento más claro dónde aparece la poesía en materiales comerciales como los pizarrones Dataloid. Compra los originales y luego los realiza a mano. 


Criollos, 1993 

Dibujos inspirados en recursos pedagógicos escolares como el Simulcop, se ven alterados por antiguas calcomanías de agua. Una suerte de imaginario argentino, como otra realidad discursiva.


Caja cajita, 2004 

Pos 2001, una residencia lleva a Claudia hasta Arteleku, San Sebastián. España vive su furor de consumo y las cajas inundan las calles. Cartones, bajos recursos, una erudita biblioteca, libros de tapas, con un escueto interior, apenas una impresión de una noticia policial de Argentina, o un recorte o unas fotocopias.


Coller mon amour, 2020  

Es pandemia. Los envases hechos con cartón impreso, abrir una caja de un producto, encontrar esa disposición gráfica, color y textos. Una escueta seducción aparece cuando algunas formas geométricas y negras desvían la textura. Una actividad nocturna. 

 

COCA COLA

Lo serial ya era parte suyo, el trabajo de partes, de a partes, pero nunca desplegado desde una ambición tan exagerada, como una conversación fuera de tono con el material. Tampoco se sabía la dimensión, que es lo que aún no se sabe, Coca Cola es como el zapallo que se hizo cosmos, de Macedonio, como la inflación en Argentina, como la piensa Aida Carballo, lo que crece y hace perder. Coca Cola es en Claudia la pequeña vanguardia que la acompaña en los vericuetos tipográficos de la curva y contracurva, del enredo y el brillo opaco de la lata. Claudia empezó a juntar latas en los noventa, ¿por el material o por la tipografía? Fue por la persecución de la tipografía a la humanidad, del mismo modo que la sigue a ella. Primero recortando las letras en revistas, en las latas, sacando fotos, buscando en revistas de ciencia, en la Revista Sur, en la fantasía de la navidad, en la obra de León Ferrari, haciendo collage, tintas, dibujos, objetos y carteles. Coca Cola es también un archivo en transición, de una marca en el sentido de lo que queda impreso, por un tiempo o para siempre.

 

RESPIRANTES

El fieltro es el material de la trashumancia, se prepara para un futuro camino o destino incierto, por construcción de desperdicio, es económico y maleable, protege y sirve de apoyo, da temperatura, es multipropósito, y en la obra de Claudia Del Río forma cuerpos y superficies de la misma manera. No hay una diferencia entre quienes permanecen en estos espacios y el espacio en sí. Provienen de un mismo lugar: se funden entorno y obra. El fieltro respira, es la memoria del material de miles de prendas que miles de personas han usado, y que luego pasan al proceso industrial para retirarse y presentarse artesanalmente. Del Río investiga formas íntimas, caseras y populares de acoplamiento de materiales. Su obra integra relatos y narraciones donde figuras se repiten y reaparecen a lo largo del tiempo, y esta instalación condensa esos diferentes momentos a través de la maleabilidad del fieltro, acompañado de otros materiales como ladrillos, telgopor, cerámica, caracol, barro, bijou, textiles, bolsas de arpillera de café y aluminio. 

La vida y la historia del fieltro en la obra de Claudia Del Río, se inicia en los 90 llegando hasta el presente. Primero utilizado para cubrir objetos pequeños, fue poco a poco cubriendo superficies más grandes y espacios, como en esta propuesta. No es el fieltro amarillo, compacto y liso que Del Río conoció en los 80 a traves de la obra de Beuys, sino uno reciclado y que se produce en Latinoamerica. Es un material de frontera, como muchos de los que utiliza Claudia, que viaja entre Brasil y Argentina, migra y se adapta y busca funciones propias en cada uno de los contextos que es recibido. Es un material para afrontar la vulnerabilidad y buscar soluciones en la urgencia. Gusta de incrustar teorías en sus obras. Suele hacerlo.

 

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