Colección Castagnino+macro

Ref:
Flores Ballesteros, Elsa, “Raquel Forner”, en AAVV, Obras del Museo Castagnino, Buenos Aires, Ediciones de Arte Gaglianone, 1996.
Exposiciones:
Premio Rosario, Rosario, Museo Castagnino, 1979.
“Raquel Forner- Series Espaciales”, Rosario, Museo Castagnino, 1995.

Las series de pinturas de Raquel Forner se han relacionado directamente con los grandes acontecimientos sociopolíticos mundiales. Inicialmente expresionista, derivó en diferentes lenguajes a lo largo de su trayectoria: en los comienzos del 30 se inclinó por la búsqueda de la organización constructiva, más tarde -hacia 1936- acentuó su obra con alusiones dramáticas sugeridas por la Guerra Civil Española y en la década del 50, dio comienzo a las series del espacio, de referencias informalistas.

Obtuvo el título de Profesora de Dibujo en la Academia Nacional de Bellas Artes en 1922. En 1924 se presentó por primera vez al Salón Nacional y obtuvo el Tercer Premio por su obra Mis vecinas. La crítica de la época destaca su obra (Fray Mocho, Martín Fierro, Plus Ultra, entre otras). En 1926 participó del Primer Salón Universitario de La Plata, que difundiría el arte argentino en ciudades europeas, comisariado por Victor Torrini.
En 1928 realizó su primera exposición individual en la galería Muller. En 1929 viajó a Europa y se radicó en Paris por dos años. Asistió al taller de Othon Friesz (1879-1949) y frecuentó a los artistas argentinos que residían en la capital francesa, conocidos como Grupo de Paris. En Sanary se reúne con Horacio Butler, Aquiles Badi, Alberto Morera, Alfredo Bigatti y Leopoldo Marechal. El fauvismo de su maestro la influyó en su primera época y luego se inclinó hacia los lineamientos del retorno al orden que lideraba Carrá. En 1930 participó en el VIII Salón de las Tullerías y de la I Exposición del Grupo Latinoamericano de Paris en la galería Zak, junto a Butler, Del Prete, Pisarro, Figari, Torres García, y los mexicanos Rivera, Orozco y Lazo. Su formación fue la típica de los artistas argentinos de entreguerras y participó activamente de la transformación modernista asumida por su generación. Ese año expone en la Wagneriana, invitada por Alfredo Guttero.
En 1932, junto a Guttero, Pedro Dominguez Neira y Alfredo BIgatti fundó los Cursos Libres de Arte Plástico, para promover la enseñanza de los talleres libres parisinos que habían frecuentado. En 1934 obtuvo el Segundo Premio del Salón Nacional por Interludio. En 1935 participó de The 1935 International Exhibition of Paintings en el Carnegie Institute, de Pittsburgh en Estados Unidos. En 1936 se casó con el escultor Alfredo Bigatti, viajó por Bolivia y pintó impresiones de viaje, paisajes del altiplano, cholas y collas. En esta etapa inició la serie de España, que evocaba la Guerra Civil y que se caracterizó por una atmósfera trágica y violenta. Con ella inauguró las series que caracterizarían su producción posterior. En 1937 recibió una Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Paris y desde 1938, su pintura se transformó en un correlato trágico de los acontecimientos mundiales. En 1942 obtuvo el Primer Premio de Pintura en el Salón Nacional por su obra El Drama, que pertenece a la serie del mismo nombre realizada entre 1939 y 1946 dedicada a los desastres de la Segunda Guerra Mundial. A ésta le siguieron Las Rocas (1947), La Farsa (1948-1952), Los Estandartes (1953-1952), El Lago (1954) y El Apocalipsis (1955), final de los desastres bélicos. En 1947 obtuvo el Premio Palanza, otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes, por un conjunto de obras en el que la tragedia y el drama fueron el motivo recurrente: Amanecer, Éxodo, El manto de la piedra, La torre de Babel, y La conferencia.
En 1956, le fue adjudicado el Gran Premio de Honor en el Salón Nacional. Desde entonces, Forner no dejó de exponer y de recibir distinciones en el país y en el exterior. Ese mismo año su obra Desolación pasó a integrar la colección del museo de Arte Moderno de Nueva York. Desde 1957 su interés recayó sobre las inquietudes del hombre frente al cosmos e inició la serie de las Lunas y de los Soles. Derivó en un lenguaje poético abstracto que en un principio acentuó la geometrización y que luego acusó el impacto del informalismo. Elude en estas series toda perspectiva y utiliza la materia densa, la pincelada más enérgica, el dripping y los grafismos. El color intenso se envuelve en trazos negros que potencian las formas y el carácter de los personajes que pueblan este nuevo espacio. Se sucederán las series Piscis (1957), Las Lunas (1957-1965), Los que vieron la luna (1962- 1965), la Astrofauna (1963-1967), Los astronautas (1965), Los laberintos (1967-1969), de los Terráqueos (1968-1969) Mutaciones espaciales (1970), Los grandes mutantes (1972), del Espacio (1973), Los mutantes (1974), Apocalipsis en Planeta Tierra (1979-1980), Seres en otras Galaxias (1980-1981), Encuentro con Astroseres en Ischigualasto (1986).
En 1958 participó de la Bienal de Venecia. En 1961 fue invitada de honor en la sección argentina de la VI Bienal de San Pablo. En 1962 obtuvo el Gran Premio de Honor en la Bienal Interamericana de Arte organizada por la IKA en Córdoba y realizó una exposición individual en el Museo Nacional de Bellas Artes. Realizó múltiples exhibiciones individuales y colectivas, entre las que se destaca la realizada en 1967 en Drian Galleries de Londres, con prólogo de Herbert Read. En 1978 fue invitada a exponer en la UNESCO en Paris -con catálogo escrito por Pierre Restany- y los mismos cuadros fueron expuestos luego en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, en España. La serie de la Mitología Espacial fue exhibida en la Galería de Buenos Aires en 1979 y representó a la Argentina en la XV Bienal de San Pablo de ese mismo año. También participó en la IV Bienal del Grabado Latinoamericano realizado en San Juan de Puerto Rico e integró la exposición Arte Argentino 1960-1980 en Tokio, Japón. En 1982 creó la Fundación Forner-Bigatti y pintó El origen de una Nueva Dimensión, con destino al nuevo edificio de la OEA en Washington, EEUU. En 1983, realizó una muestra retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes. En 1992 recibió el Premio de la Fundación Konex post mortem.

Luego de 1957, sus temas fueron inspirados por las aventuras espaciales americanas y rusas, en las que la artista encuentra una vía optimista que la aleja del drama de las series de los años 30 y 40 referidas a la Guerra Civil Española y a la Segunda Guerra Mundial. La obra de Forner de esta etapa suele ser considerada un presagio de la llegada a la luna en 1969, la gran conquista del espacio llevada a cabo en el siglo XX. Elude en estas series toda perspectiva, la pincelada se hace más densa y enérgica, y acusa la influencia de las tendencias informalistas y la Nueva Figuración. Su pintura se potencia ahora con infinidad de texturas, el color intenso y puro, la materia espesa y los grafismos. Forner acentúa las zonas cromáticas violentas con contornos de trazos negros de dibujo envolvente y ensambla las figuras: “Cada imagen, intenta concretar el proceso que lleva del caos al orden, oculta germinalmente otra imagen, encadenándose hasta el infinito” .
Una mitología de seres astrales habitó su pintura hasta sus últimos días. Sus personajes son cosmonautas y su obra fija el destino atormentado y caprichoso de la astrofauna en sus trayectorias orbitales . Diferentes categorías de seres son diferenciados con el color: los que se mantienen en blanco y negro aún no han descubierto las nuevas dimensiones espaciales, a veces maniatados, con expresiones dolientes, transitan una condición trágica como las imágenes anteriores, las del holocausto. Los seres mutantes vibran con toda la escala cromática porque han logrado pertenecer a la nueva dimensión espacio-tiempo; los astroseres son los que liberarán al terráqueo de luchas estériles y ambiciones desmedidas y los astronautas, los conquistadores del misterio, son quienes tienden el puente hacia el devenir.
Por la fecha de ejecución, Orbita corresponde a la serie de los Terráqueos, creada entre 1968 y 1969. Expresa las características de esta etapa y en ella Forner detalla con soltura sus astroseres, que posan en diferentes zonas que se ensamblan y conectan gracias al arabesco de la línea negra que las envuelve. La artista transgrede el formato tradicional del bastidor con el agregado de un suplemento que modifica la lectura habitual del espacio pictórico. Este recurso -utilizado frecuentemente por los artistas neo figurativos- le permite destacar dos de sus personajes, que desbordan y emergen del espacio conceptual y físico de la pintura.
Raquel Forner fue merecedora del Premio Rosario en 1979, otorgado por la Fundación Castagnino y por la Academia Nacional de Bellas Artes. Orbita fue la obra adquirida en esa instancia para la colección del Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino.

Bibliografía:
AAVV, Obras del Museo Castagnino, Buenos Aires, Ediciones de Arte Gaglianone, 1996.
Academia Nacional de Bellas Artes, Historia General del Arte en la Argentina, Buenos Aires, Academia Nacional de Bellas Artes, 1988.
Aldo Pellegrini, Panorama de la pintura argentina contemporánea, Buenos Aires, Paidós, 1967.
Dieguez Videla, Alvino, “Raquel Forner” en AAVV, Historia crítica del arte argentino, Asociación argentina de críticos de arte. Editado por la Dirección de Relaciones externas y comunicaciones de Telecom Argentina. Buenos Aires, 1995.
Dorival, Geo, Raquel Forner, Buenos Aires, Losada, 1942
López Anaya, Jorge, Historia del arte argentino, Buenos Aires, Emecé, 1997
Pagano, José León, El arte de los Argentinos, Tomo V, Buenos Aires, Editorial del Autor, 1937.
Whitelow, Guillermo, Raquel Forner en “Arte de Argentina. Argentina 1920-1994”, Londres: The Museum of Modern Art, Oxfod, 1994.
http://www.forner-bigatti.com.ar/

María de la Paz López Carvajal