Colección Castagnino+macro

Esta obra forma parte de un conjunto que el artista construye a partir de la lógica del pensamiento serial, donde cada pieza adquiere significado en vinculación con las demás.

Asimismo, en esta serie Echen manifiesta su plena convicción acerca del desdibujamiento de los límites entre las disciplinas artísticas, enraizada en un discurso que apela a la imposibilidad de la pintura como plenitud. En palabras del autor: “Hablar de verdad en la praxis pictórica se vuelve lícito en la medida en que el sistema de representación es entendido como simulacro”. A través de sus pinturas, intenta hacer evidente la crisis del lenguaje que está utilizando para reflexionar sobre lo que significa la praxis pictórica en la contemporaneidad. Así lo demuestran los simbólicos y esquemáticos personajes realizados a modo de boceto. Estos se hallan “en una situación de reflejo no especular”,[1] y constituyen la metáfora de un pensamiento conformado a partir del binomio racional-irracional. La pintura de Echen como anti-método responde a su hacer deconstructivo, en donde pone en juego hasta la autoridad de su autoría.

[1] Roberto Echen, entrevista con Yanina Bossus, junio de 2003.